Creados para comunicarnos con Dios

Dios nos ha creado para que estemos en comunión con él. Cuando Dios creó al hombre en el Edén, estaban en constante comunicación. Dios hablaba personalmente con Adán, y Adán hablaba personalmente con Dios.

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La comunicación del hombre con Dios era perfecta: Hablaban como un padre habla con su hijo, como hablan dos amigos.

Pero hoy en día, eso no ocurre así. ¿Por qué?¿Qué desventajas existen en la incomunicación entre el hombre y Dios?¿Qué ventajas tiene apartar un momento del día para orar e intentar establecer ese vínculo con Dios, perdido hace miles de años?

Aunque la facultad de comunicarnos personalmente con Dios se perdió poco después del pecado, el hombre ha sido creado para que esa comunicación exista.

Pero ¿quiere Dios aún comunicarse contigo?¿A pesar del pecado, está dispuesto a ofrecernos alguna alternativa al diálogo personal que mantenía el hombre con Dios? ¡Claro que sí!

Dios quiere compartir y comunicarse con nosotros. Es una comunicación por dos partes. ¿Por qué? Porque no puedes tener una relación a menos de que haya un dialogó genuino. ¿Cómo conocemos a las personas? Comunicándonos con ellos. Al hablarles y escucharles.

Es lo mismo en nuestra relación con Dios. Él habla, nosotros oímos. Nosotros hablamos, él escucha.

Dios nos ama tanto que nos envió a Jesús a tomar nuestro lugar y morir por nosotros. Él hizo esto para que una vez más tuviéramos comunión con Él. En el libro de Hebreos, podemos ver que tenemos acceso a la presencia de Dios

Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto… ( Hebreos 10:19-20a )

También quiere que seamos llenos, bendecidos y exitosos en el plan que él ha establecido para nuestras vidas – para que seamos una reflexión de su amor y bendición en esta Tierra. En Jeremías 29:11 el Señor hace claro sus intenciones para ti y para mí, “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes, afirma el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.

Vemos en Génesis 3:8a, “…oyeron el *hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín…” Esto es como Dios quiere, de igual manera, relacionarse con nosotros hoy. El deseo de Dios es caminar y comunicarse con sus hijos.

Él quiere hablar con nosotros. Quiere que le escuchemos y hablemos también.

Hay más buenas noticias: podemos oír su voz. La Biblia, la carta de amor de Dios hacia la humanidad, nos deja claro que fuimos creados para tener estás dos vías de comunicación con él. Jesús nos dice en Juan 10:27, “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen”.

APARTA UN TIEMPO PARA DIOS ANTES DE COMENZAR EL DÍA

Puede que no lo creas, pero empezar un día en comunión con Dios es totalmente diferente a comenzar un día sin acordarte siquiera de él.

La Biblia nos dice que podemos entrenar a nuestro oído a reconocer la voz de Dios sobre todo el ruido.

Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: ‘Éste es el *camino; síguelo ( Isaías 30:21)

Pero, ¿Por qué apartar las primeras horas de la mañana?

Porque estarás descansado, y fresco de haber dormido toda la noche.Porque no estarás deseando terminar para poder dormir.Al terminar el día, tu cerebro está cansado, y lleno de pensamientos y sucesos que han ocurrido a lo largo del día.Porque por la mañana tienes un día entero por delante para disfrutar de la bendición de estar con el Señor.

¿Cómo conseguir una verdadera comunión con Dios?

Ponte cómodo y piensa en cuanto tiempo vas a dedicarle a Dios y a leer su palabra. No importa si solamente son 10, 15, 30 minutos, o una hora entera. Lo importante es que lo decidas antes de comenzar.Durante el tiempo decidido, relájate. No tengas prisa por terminar. Medita en cada palabra de oración, o en cada mensaje que leas.Intenta pasar un pequeño tiempo sin leer, y sin decir nada, solo meditando.Lo que leas, hazlo lentamente, y pensando bien en el significado. Hazte preguntas sobre el texto.Toma un tiempo para orar, y pedirle a Dios que te acompañe en tu día.

La bendición de comenzar un día con Dios no tiene palabras. Pruébalo, y verás como esos simples quince minutos de tu día, marcarán una gran diferencia durante el resto del mismo.

Recuerda que el ser humano fue creado para comunicarse con Dios.

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